lunes, octubre 6

La amistad entre el hombre y la mujer


¿Por qué es tan difícil que los hombres y las mujeres sean amigos? Parece algo tan corriente, y luego resulta ser casi imposible. O hay un arreglo feo -como ser marido y mujer-, o bien pasión que con el tiempo se convierte en odio. ¿Por qué hay siempre fealdad entre los hombres y las mujeres?

ES MUY fácil de comprender. El matrimonio es la institución más fea que ha inventado el hombre. No es natural; ha sido inventado para que podáis monopolizar a una mujer. Habéis estado tratando a las mujeres como si fueran trozos de tierra, o billetes de banco. Habéis reducido a la mujer a una cosa.
Y recuerda que si reduces a cualquier ser humano a una cosa ignorante, inconsciente, también tú quedas reducido al mismo estado; de otra forma, no podrás comunicarte. Si puedes hablar con una silla, tú también debes ser una silla.
El matrimonio va en contra de la naturaleza.
Sólo puedes estar seguro acerca del momento presente. Todas las promesas para mañana son mentiras, y el matrimonio es una promesa para toda la vida, que permaneceréis juntos, que os amaréis, que os respetaréis mutuamente hasta exhalar el último suspiro.
Y esos sacerdotes, que son los inventores de tantas cosas feas, os dicen que los matrimonios se hacen en el cielo. Nada se hace en el cielo; el cielo no existe.
Si escuchas a la naturaleza, tus problemas, tus preguntas, simplemente se evaporarán. El problema es el siguiente: biológicamente el hombre se siente atraído por la mujer, pero esa atracción no puede permanecer igual para siempre. Te sientes atraído por algo cuya consecución es un desafío. Ves a un hombre guapo, a una mujer guapa; te sientes atraído. No hay nada de malo en ello. Sientes que tu corazón late más rápido. Te gustaría estar con esa mujer o ese hombre, y la atracción es tan tremenda que en ese momento piensas que te gustaría vivir con ese alguien para siempre.
Los amantes no engañan, están diciendo la verdad, pero esa verdad pertenece al momento. Cuando los amantes se dicen el uno al otro: «No puedo vivir sin ti», no es que él esté mintiendo o que ella esté mintiendo, lo dicen en serio. Pero no conocen la naturaleza de la vida. Mañana esta misma mujer no parecerá tan bella. Según pasen los días, tanto el hombre como la mujer se sentirán presos.
Han conocido la geografía del otro completamente. Primero era un territorio desconocido que descubrir, ahora no queda nada por descubrir. Y seguir repitiendo las mismas palabras y los mismos actos: resulta mecánico, feo. Por eso la pasión se convierte en odio. La mujer te odia, porque vas a volver a hacer lo mismo de nuevo. Para impedírtelo, en cuanto el marido entra en casa ella se va a la cama, tiene dolor de cabeza. Lo que quiere es evitar de alguna forma caer en la misma rutina. Y el hombre está ligando con su secretaria en la oficina; ahora ella es un territorio desconocido.
Para mí, todo es naturaleza. Lo que no es natural es atar a la gente en nombre de la religión, en nombre de Dios, para toda la vida.
En un mundo mejor, más inteligente, la gente amará, pero no hará contratos. ¡No es un negocio! Se comprenderán mutuamente, y comprenderán el flujo cambiante de la vida. Serán sinceros. En cuanto el hombre sienta que su amada ya no le produce ninguna alegría, le dirá que ha llegado el momento de separarse. No hay necesidad de matrimonio, no hay necesidad de divorcio. Entonces será posible la amistad.
Me preguntas por qué no es posible la amistad entre los hombres y las mujeres... No es posible la amistad entre el carcelero y el prisionero. La amistad es posible entre seres humanos iguales, totalmente libres de todas las ataduras de la sociedad, la cultura, la civilización, que viven de acuerdo con su auténtica naturaleza.
No es ningún insulto a la mujer decirle: «Cariño, se acabó la luna de miel.» No es ningún insulto al hombre si la mujer dice: «Ahora las cosas ya no pueden ser bonitas. El viento que soplaba ya no está aquí. Ha cambiado la estación, ya no es primavera entre nosotros; no salen las flores, no surgen las fragancias. Es hora de separarse.» Y como no existe la atadura legal del matrimonio, no surge la cuestión del divorcio.
Es muy feo que los tribunales y la ley y el Estado interfieran en tu vida privada, tienes que pedirles permiso. ¿Quiénes son ellos? Es una cuestión entre dos individuos, un asunto privado.
Serán sólo amigos, no maridos, no esposas. Por supuesto, si sólo hay amistad, la pasión nunca se convertirá en odio. En cuanto sientas que la pasión desaparece, dirás adiós, y se comprenderá. Incluso si duele, no hay nada que se pueda hacer, así es la vida.
Pero el hombre ha creado sociedades, culturas, civilizaciones, normas, reglas, y ha hecho que la humanidad ya no sea natural. Por eso los hombres y las mujeres no pueden ser amigos. Y los hombres y las mujeres se vuelven maridos y esposas, lo cual es algo absolutamente feo; empiezan a poseerse el uno al otro.
Las personas no son cosas, no puedes ser su dueño. Si creo que tu mujer es hermosa, y me acerco a ella, te enfadas, estás dispuesto a luchar porque me estoy acercando a tu propiedad. Ninguna esposa es propiedad de nadie, ningún marido es propiedad de nadie. ¿Qué tipo de mundo habéis creado? Las personas se ven reducidas a propiedades; entonces hay celos, odio.
Tú mismo sabes que te sientes atraído por la mujer del vecino. Naturalmente, también puedes adivinar lo que le pasa a tu mujer. Tu mujer sabe perfectamente bien que se siente atraída por otra persona, pero no puede acercarse a esa persona a causa del marido. ¡Él está ahí con una pistola! El amor se volverá necesariamente odio, y durante toda la vida se va acumulando el odio. ¿Y piensas que de este odio van a nacer niños hermosos? No nacen del amor, sino de la obligación. Es obligación de la mujer permitirte que la utilices.
A decir verdad, no hay diferencia entre las esposas y las prostitutas. La diferencia es como la que hay entre tener tu propio coche o ir en taxi.
A una prostituta la compras sólo por unas horas; las esposas son un asunto a largo plazo, es más económico. A las familias reales no se les permite casarse con alguien que no tenga sangre real: posición, dinero, poder... Nadie puede amar a nadie en semejantes circunstancias, en las que la relación es financiera.
La mujer depende de ti porque tú ganas dinero. Y durante siglos los hombres no han permitido que las mujeres tengan una educación, que entren en el mundo de los negocios, que tengan trabajo, por la sencilla razón de que si la mujer tiene su propia posición financiera, su propia cuenta bancaria, no puedes reducirla a una cosa. Así que ella tiene que depender de ti. ¿Y piensas que alguien que tiene que depender de ti te amará?

Toda mujer quiere matar a su marido. Es otra cuestión que no lo mate, porque si lo mata, ¿qué hará? No tiene estudios, no tiene experiencia en la sociedad, no tiene ninguna forma de ganarse la vida. El marido -todos los maridos, no hago ninguna excepción-quiere librarse de su mujer. Pero no puede librarse de ella. Están los niños, y él mismo le ha prometido a la mujer miles de veces que la quiere. Cuando se va a trabajar besa a la esposa. No hay ningún amor en ello, sólo dos esqueletos que se tocan. Nadie está presente.
El hombre ha creado una sociedad en la que la amistad entre el hombre y la mujer es imposible.

Recuerda que la amistad es tan valiosa que, sean cuales sean las consecuencias, sigue siendo amigo incluso de tu esposa, incluso de tu marido, y permitios una libertad absoluta y total el uno al otro.
No veo ningún problema. Si amo a una mujer y un día me dice que se ha enamorado de otro y que se siente muy feliz, yo seré feliz. La amo, y quisiera que sea feliz, ¿cuál es el problema? La ayudaré en todo lo que pueda para que pueda ser más feliz. Si ella puede ser más feliz con otro, ¿qué es lo que me duele?
Lo que duele es el ego: ella ha encontrado a otro que es mejor que tú. No es cuestión de que sea mejor, puede que se trate tan sólo de tu chófer, es cuestión de un pequeño cambio. Y si os dais libertad completa el uno al otro, quizá podáis permanecer juntos toda la vida, o toda la eternidad, porque no hay necesidad de librarse el uno del otro.
El matrimonio crea la necesidad de librarse el uno del otro, porque significa que te quitan la libertad, y la libertad es el valor más elevado en la vida humana. Haz que todas las parejas sean libres y te sorprenderás: este mismo mundo se convierte en el Paraíso.
Hay otros problemas. Tenéis hijos, ¿qué hacer con los hijos? Mi respuesta es que los hijos no deberían pertenecer a sus padres, deberían pertenecer a la comuna. Entonces no hay problema. Los padres pueden estar con los hijos, pueden invitarlos, pueden ser amigos de sus hijos; y sin embargo, los hijos no dependen de ellos, pertenecen a la comuna. Y esto destruirá muchos problemas psicológicos.
Si un niño sólo conoce a su madre, la personalidad de la madre se convierte en una marca psicológica para él. Ahora se pasará toda la vida intentando encontrar una mujer que sea como su madre, y nunca encontrará una mujer así. Una niña nunca encontrará a otro hombre que sea una copia exacta de su padre. Entonces no puedes estar satisfecho con ninguna mujer, con ningún hombre.
Pero si los niños pertenecen a la comuna, entrarán en contacto con muchísimos tíos y tías, no llevarán una imagen única en sus mentes. Tendrán una idea vaga de la femineidad o la masculinidad, y a esa idea habrá contribuido mucha gente de la comuna; será multidimensional. Existe la posibilidad de encontrar a alguien, porque sólo tienes una idea vaga. Puedes encontrar a alguien, y esa persona convertirá tu idea vaga en sólida, en una realidad. Ahora mismo tienes una idea sólida en tu interior, y encuentras a una persona vaga. Tarde o temprano llega la decepción.
Y al pertenecer los niños a la comuna aprenderán mucho, serán más amistosos, estarán más abiertos a todo tipo de influencias. Serán más ricos. Un niño criado por una pareja es muy pobre. No sabe que existen millones de personas con mentes diferentes, con diferentes tipos de belleza. Si un niño entra en la comuna, naturalmente será mucho más rico. Y habrá aprendido mucho mejor, antes de decidir estar con alguien, que existe la posibilidad de una larga amistad.
¿Qué sucede ahora? Ves a una chica en la playa y te enamoras. No sabes nada sobre ella, sólo conoces su maquillaje. Mañana por la mañana cuando os levantéis y el maquillaje ya no esté, dirás: «¡Dios mío! ¿Qué he hecho? ¡Ésta no es la mujer con la que me casé» es otra!» Pero tampoco puedes faltar a tu palabra. Y si lo haces, entonces ahí está el Gobierno, ahí están los tribunales para devolverte al buen camino. Esta es una situación muy fea, enferma.
A las personas debería dárseles libertad para que se conozcan, para que conozcan a tanta gente como sea posible, porque cada persona es tan única que no es posible la comparación. Dejad que el niño beba de muchas fuentes, y tendrá una idea más clara sobre quién va a ser la persona adecuada con la que vivir.
Nadie se enamorará; todos decidirán conscientemente que «ésta es la persona». Ha conocido a mucha gente, comprende que ésta es la persona que tiene esas características, esas cualidades Que ama. Y también entonces va a ser sólo una amistad. No hay miedo. Si mañana cambian las cosas, no pasa nada.
La sociedad no debería vivir de manera rutinaria, de una manera fija -estática, letárgica-; debería ser un flujo en movimiento. Una mujer puede darte un cierto tipo de alegría, otra mujer puede darte otro tipo de gozo. Una tercera mujer será una sorpresa. Así que ¿por qué permanecer pobre?, ¿sólo porque Jesús ha dicho: «Bienaventurados son los pobres»?
Sé más rico en todas las dimensiones, y permanece abierto y disponible. Y con quienquiera que estés, haz que esa persona comprenda claramente que «Entre nosotros hay libertad, no un contrato de matrimonio. Nos unimos con libertad, sin promesas para el futuro, porque ¿quién conoce el futuro?»
Cuando yo era estudiante en la universidad en el último curso del máster, había una chica muy interesada en mí. Era muy guapa, pero mi interés no estaba en las mujeres en aquellos momentos. ¡Estaba buscando a Dios como un loco!
Después de los exámenes, cuando ella se iba de la universidad... Ella había esperado -yo lo sabía-, ella había esperado y esperado que yo me aproximara a ella. Esa es la manera habitual, que el hornbre se aproxime a la mujer; es elegante que no sea la mujer la que se aproxime al hombre. Una idea extraña... no la entiendo. Quienquiera que se aproxime, es elegante. De hecho, quienquiera que empiece es valiente.
Cuando nos íbamos de la universidad, se dijo: «Ya no hay ninguna posibilidad.» Me llevó aparte y dijo: «Durante dos años he estado esperando continuamente. ¿Es que no podemos estar juntos para toda la vida? Te amo.»
Yo dije: «Si me amas, entonces por favor déjame en paz. Yo también te amo, por eso te dejo en paz, porque sé lo que ha estado sucediendo en nombre del amor. La gente se vuelve prisionera, encadenada; pierden toda su alegría, la vida se vuelve un mal rollo. Así que éste es mi consejo de despedida para ti -le dije-: "Nunca trates de aterrarte a una persona para toda la vida."»
Si dos personas quieren estar juntas hoy, es más que suficiente. Si mañana quieren estar juntos de nuevo, bien. Si no quieren, es un asunto privado; nadie debe interferir.
Hasta ahora, siempre ha surgido el problema de los hijos. Mi respuesta es que los hijos deberían pertenecer a la comuna. Pueden acudir a sus padres, no importa si éstos están juntos o separados. Y deberían aprender de sus padres que el amor no es una esclavitud, es libertad. Y deberían entrar en la comuna, probando, disfrutando cualidades diferentes de personas diferentes.
Para que cuando llegue el momento de decidir, su decisión no sea del tipo tonto de «enamorarse»; será un fenómeno muy considera-do, reflexionado, meditado. Existe la posibilidad de que permanez-can juntos durante toda la vida. De hecho, la posibilidad es mayor; más personas permanecerán juntas.
Si desaparece el matrimonio, el divorcio desaparece automática-mente. Es una consecuencia del matrimonio. Nadie toma nota de este simple hecho: ¿por qué ha habido prostitutas durante siglos? ¿Quién las creó? ¿Quién es el responsable de estas pobres mujeres? Es la institución del matrimonio.
Estás aburrido de tu esposa; sólo para variar vas a una mujer que no va a suponer una atadura, porque una ya es suficiente, dos sería ya demasiado. Es un encuentro temporal, de unas pocas horas. Puedes mostrarte encantador por unas pocas horas, amo-roso por unas pocas horas. Ella puede mostrarse encantadora y amorosa por unas pocas horas. Y además, ha sido pagada para eso.
Por todo el mundo millones de mujeres se ven reducidas a vender su cuerpo. ¿Quién lo ha hecho? Vuestros líderes políticos, vuestros líderes religiosos. Yo considero criminales a esas personas. Y no criminales corrientes, porque durante siglos toda la humanidad ha estado sufriendo a causa de estos pocos idiotas.
Pero tienes que empezar contigo mismo, no hay otra forma. Si amas a alguien, entonces la libertad debería ser el lazo conectar entre vosotros. Y si ves a tu mujer abrazando a otra persona mañana, no es necesario estar celoso. Ella se está enriqueciendo, está probando un poco de novedad, ¡al igual que de vez en cuando vas a un restaurante chino! Eso es bueno. Volverás a tu propia comida, pero el restaurante chino te ha ayudado; ahora puedes apreciar más tu propia comida.
Pero después de unos pocos días, de nuevo -así es la mente-vas hacia un restaurante italiano... ¡espaguetis!

La vida es tan sencilla y tan bella, sólo falta una cosa: libertad. Si tu esposa está con otras personas, pronto volverá a ti enriquecida, habiendo comprendido cosas nuevas. Y descubrirá en ti algo que nunca había descubierto antes. Y mientras tanto, no es necesario que tú te quedes sentado en tu silla comiéndote el coco. Tú también debes ganar experiencia, para que cuando vuelva tu esposa tú también seas nuevo. Tú también has estado en el restaurante chino.
La vida debería ser alegría, gozo. Y sólo entonces puede haber amistad entre los hombres y las mujeres; si no, van a seguir siendo enemigos íntimos'.

Si el amor queda destruido en el matrimonio, ¿cómo debemos vivir si deseamos compartir el amor y nuestros pensamientos cotidianamente, y también criar niños con la madre y el padre?

Yo nunca he dicho que el amor sea destruido por el matrimonio. ¿Cómo puede el matrimonio destruir el amor? Sí, es destruido en el matrimonio, pero lo destruyes tú, no el matrimonio. Lo destruyen los miembros de la pareja. ¿Cómo puede el matrimonio destruir el amor? Eres tú quien lo destruye, porque no sabes lo que es el amor. Simplemente haces como si supieras, simplemente confías en que sabes, sueñas que sabes, pero no sabes lo que es el amor. El amor hay que aprenderlo; es el mayor arte que existe.
Si hay gente bailando y alguien te pide: «Ven a bailar», tú dices: «No sé.» No saltas sin más y te pones a bailar y haces que todo el mundo piense que eres un gran bailarín. Lo que harás es quedar como un payaso. No probarás que sabes bailar. Hay que aprender, la gracia del baile, su movimiento. Tienes que entrenar el cuerpo para ello.
No vas y te pones a pintar sin más porque hay un lienzo disponible y hay un pincel y colores. No te pones a pintar sin más. No dices: «Están todos los requisitos, así que puedo pintar.» Puedes pintar, pero no serás un gran pintor de esa manera.
Conoces a una mujer, ahí está el, lienzo. Inmediatamente te vuelves un amante, empiezas a pintar. Y ella empieza a pintar en ti. Por supuesto, los dos acabaréis quedando como dos tontos -tontos pintados- y tarde o temprano comprenderéis lo que sucede. Pero nunca pensaste que el amor es un arte. No has nacido con ese arte, no tiene nada que ver con tu nacimiento. Tienes que aprenderlo. Es el arte más sutil.
Has nacido con sólo una capacidad. Por supuesto, has nacido con un cuerpo; puedes ser bailarín porque tienes cuerpo. Puedes mover tu cuerpo y puedes ser bailarín, pero tienes que aprender a bailar. Se necesita mucho esfuerzo para aprender a bailar. Y bailar no es tan difícil porque estás implicado tú solo en ello.
El amor es mucho más difícil. Es bailar con otra persona. El otro también es necesario para saber lo que es bailar. Encajar con alguien es un gran arte. Crear una armonía entre dos personas... dos personas significa dos mundos diferentes. Cuando dos mundos se acercan, habrá un choque si no sabes cómo armonizar. El amor es armonía. Y la felicidad, la salud, la armonía, todo ello sale del amor. Aprende a amar. No tengas prisa por el matrimonio, aprende a amar. Primero vuélvete un gran amante.
¿Y cuál es el requisito? El requisito es que un gran amante siempre está dispuesto a dar amor y no se preocupa si se lo devuelven o no. Siempre es devuelto, esa es la naturaleza de las cosas. Es como si vas a las montañas y cantas una canción, y los valles responden. ¿Has visto un sitio con eco en las montañas, en las colinas? Gritas y los valles gritan, o cantas y los valles cantan. Cada corazón es un valle. Si viertes tu amor en él, responderá.

La primera lección del amor es no pedir amor, sino simplemente darlo. Da siempre. Y la gente está haciendo justo lo contrario. Incluso cuando dan, sólo dan con la idea de que el amor debería volver a ellos. Es un negocio. No comparten, no comparten libremente. Comparten con una condición. Siguen mirando con el rabillo del ojo a ver si vuelve o no. Gente muy pobre... no conocen el funcionamiento natural del amor. Tú simplemente da, y ya vendrá.
Y si no viene, no hay nada de qué preocuparse, porque un amante sabe que amar significa ser feliz. Si viene, bien; entonces la felicidad se multiplica. Pero incluso si nunca viene de vuelta, el acto mismo de amar te hace tan feliz, tan extático... ¿qué importa si viene o no?
El amor tiene su propia felicidad intrínseca. Sucede cuando amas. No hay necesidad de esperar el resultado. Simplemente, empieza a amar. Poco a poco verás que mucho más amor vuelve a ti. Tan sólo amando uno ama y llega a saber lo que es el amor. Igual que uno aprende a nadar nadando, amando uno ama.
Y la gente es muy tacaña. Esperan que llegue algún gran amado, y entonces amarán. Permanecen cerrados, permanecen ensimismados. Simplemente, esperan. De alguna parte llegará alguna Cleopatra y entonces abrirán su corazón, pero para entonces ya han olvidado completamente cómo abrirlo.

No pierdas ninguna oportunidad de amar. Incluso paseando por la calle puedes ser amoroso. Incluso con un mendigo puedes ser amoroso. No es necesario que tengas que darle algo; puedes sonreír, al menos. No cuesta nada, pero tu sonrisa misma abre tu corazón, hace que tu corazón esté más vivo. Toma a alguien de la mano, un amigo o un extraño. No esperes pensando que sólo amarás cuando aparezca la persona apropiada. Entonces la persona apropiada no aparecerá nunca. Sigue amando. Cuanto más amas, mayor es la posibilidad de que aparezca la persona adecuada, porque tu corazón comienza a florecer. Y un corazón en flor atrae a muchas abejas, a muchos amantes.
Te han educado de una manera muy equivocada. Primero, todo el mundo vive con la falsa impresión de que todo el mundo ya sabe amar. Sólo por haber nacido crees que ya sabes amar. No es tan sencillo. Sí, hay potencial, pero el potencial hay que entrenarlo, disciplinarlo. Existe una semilla, pero tiene que florecer. Conviértete en una flor, no te quedes en semilla.

Dos personas que no son felices por separado, harán que el otro esté aún peor cuando se junten. Eso es matemático. Tú no eras feliz, tu esposa no era feliz, ¿y esperáis que estando juntos vais a ser felices los dos? Esto es una aritmética muy sencilla, como que dos y dos son cuatro. Es así de simple. No forma parte de ninguna aritmética más elevada; es muy corriente, lo puedes contar con los dedos. Ninguno de los dos será feliz.

-¿Ya no me amas? -preguntó la esposa de Mulla Nasrudin-. Ya nunca me dices nada agradable como solías hacer cuando nos hacíamos la corte. -Ella enjugó una lágrima de uno de sus ojos con el borde de su delantal.
-Te amo, te amo -replicó Mulla Nasrudin-. Y ahora, por favor, ¿vas a callarte de una vez y dejarme beber mi cerveza en paz?

Hacer la corte es una cosa. No te fíes de eso. De hecho, antes de casarte, deja eso de la corte. Mi sugerencia es que el matrimonio debería suceder después de la luna de miel, nunca antes. Sólo si todo va bien, sólo entonces debería suceder el matrimonio.
La luna de miel después del matrimonio es algo muy peligroso. Que yo sepa, el 99% de los matrimonios ya han acabado para cuando termina la luna de miel. Pero entonces estás atrapado, ya no hay manera de escapar. Entonces toda la sociedad, la ley, los tribunales, todos están contra ti si abandonas a tu esposa, o tu esposa te abandona a ti. Entonces, toda la moralidad, la religión, el cura, todos están contra ti. De hecho, la sociedad debería crear todas las barreras posibles para el matrimonio y ninguna para el divorcio.
La sociedad no debería permitir que la gente se casara tan fácilmente. Los tribunales deberían crear barreras: vive con esa mujer al menos dos años, y entonces el tribunal puede permitirte que te cases. Ahora mismo están haciendo justo lo contrario. Si te quieres casar, nadie pregunta si estás preparado o si sólo es un capricho, y es sólo porque te gusta la nariz de esa mujer. ¡Qué insensatez! Uno no puede vivir simplemente con una nariz larga. Pasados dos días habrás olvidado la nariz. ¿Quién mira la nariz de la propia esposa?

La esposa nunca parece guapa, el marido nunca parece guapo. Una vez que os conocéis, la belleza desaparece.
No se debería permitir que dos personas vivieran juntas el tiempo suficiente para conocerse, para familiarizarse. E incluso si quieren casarse, esto no se les debería permitir. Entonces los divorcios desaparecerían del mundo. Los divorcios existen porque los matrimonios son erróneos y forzados. Los divorcios existen porque los matrimonios se llevan a cabo en un estado romántico.
Un estado romántico es bueno si eres poeta, y no se conoce a los poetas como buenos maridos o buenas esposas. De hecho, los poetas casi siempre son solteros. Juguetean mucho, pero nunca los atrapan, y por eso su romance permanece vivo. Siguen escribiendo poesía, bella poesía.
Uno no debería casarse con una mujer o con un hombre por estar de humor poético. Dejad que llegue el humor de la prosa, entonces podéis asentaros. Porque la vida cotidiana se parece más a la prosa que a la poesía. Hay que ser suficientemente maduro.
La madurez significa que uno ya no es un tonto romántico. Uno comprende la vida, uno comprende la responsabilidad de la vida, uno comprende los problemas de estar con otra persona. Uno acepta todas las dificultades y aun así decide vivir con esa persona. Uno no espera que todo vaya a ser siempre un Paraíso, que todo van a ser rosas. Uno no espera esas tonterías; uno sabe que la realidad es difícil. Es dura. Hay rosas, pero muy pocas; hay muchas, muchas espinas.
Cuando ya seas consciente de todos estos problemas y aun así decidas que merece la pena arriesgarse y estar con alguien en vez de estar solo, entonces cásate. Entonces los matrimonios nunca matarán el amor, porque este amor es realista. El matrimonio sólo mata el amor romántico. Y el amor romántico es lo que la gente llama «amor de cachorros», de jóvenes. Uno no debería fiarse de eso. Uno no debería pensar que eso le va a nutrir. Puede que sólo sea como un helado. Puedes comerte uno de vez en cuando, pero no depender de ello para tu nutrición. La vida tiene que ser más realista, más en prosa.
Y el matrimonio mismo nunca destruye nada. El matrimonio simplemente trae a la superficie lo que está oculto en ti, lo saca. Si hay amor oculto tras de ti, dentro de ti, el matrimonio lo saca a la superficie. Si el amor era sólo una pretensión, sólo un cebo, entonces tarde o temprano tiene que desaparecer. Y entonces tu realidad, tu fea personalidad, aparece. El matrimonio es simplemente una oportunidad para que salga todo lo que tenías que sacar.
Yo no digo que el amor sea destruido por el matrimonio. El amor es destruido por la gente que no sabe lo que es el amor. El amor es destruido porque, para empezar, no hay amor. Habéis estado viviendo en un sueño. La realidad destruye ese sueño. De otra forma, el amor es algo eterno, forma parte de la eternidad. Si creces, si conoces el arte y aceptas las realidades de la vida amorosa, entonces el amor sigue creciendo cada día. El matrimonio se convierte en una tremenda oportunidad para llegar al amor.

Nada puede destruir el amor. Si está ahí, sigue creciendo. Pero tengo la impresión de que no está ahí para empezar. No te entendiste a ti mismo; era otra cosa lo que había ahí. Quizá había sexo, atracción sexual. Entonces va a destruirse, porque una vez que has amado a una mujer, la atracción sexual desaparece, porque la atracción sexual sólo sucede con lo desconocido. Una vez que has saboreado el cuerpo de esa mujer o de ese hombre, la atracción sexual desaparece. Si tu amor era solamente atracción sexual, entonces está destinado a desaparecer.
Así que nunca confundas el amor con alguna otra cosa. Si el amor es realmente amor... ¿A qué me refiero cuando digo «realmente amor»? Quiero decir que con sólo estar en presencia del otro te sientes feliz de repente, con sólo estar juntos te sientes en éxtasis, la mera presencia del otro llena algo profundo en tu corazón... algo empieza a cantar en tu corazón, entras en armonía. La mera presencia del otro te ayuda a serenarte. Te vuelves más individual, más centrado, con los pies más en el suelo. Entonces, eso es amor.
El amor no es una pasión, el amor no es una emoción. El amor es una profunda comprensión de que alguien, de alguna manera, te completa. Alguien hace de ti un círculo completo. La presencia del otro realza tu presencia. El amor te da libertad para ser tú mismo; no es posesión.
Así que observa. Nunca pienses que el sexo es amor; si no, serás engañado. Permanece alerta, y cuando empieces a sentir con alguien que su presencia, su mera presencia -nada más, no se necesita nada más; no pides nada-, sólo su presencia, sólo lo que el otro es, es suficiente para hacerte feliz... algo empieza a florecer en ti, mil y un lotos florecen... entonces estás enamorado, y entonces puedes pasar por todas las dificultades que crea la realidad. Muchas angustias, muchas ansiedades, serás capaz de pasar por todas ellas, y tu amor florecerá más y más, porque todas esas situaciones se volverán desafíos. Y tu amor, al superarlos, se hará más y más fuerte.
El amor es eternidad. Si está ahí, entonces sigue creciendo y creciendo. Conoce el principio pero no conoce un fin.

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